Hace semana y media, nos invitaron al Trail de Bronchales y no nos lo pensamos dos veces. Llevábamos tiempo queriendo ir, y cualquier excusa es buena para perdernos con la furgo aunque sean tres días.
Bronchales es un pueblo de la provincia de Teruel, Aragón. Está situado a 1570 metros de altura y cuenta con el camping más alto de España.
Llegamos el viernes por la tarde y aparcamos en una zona que han habilitado para campers. El pueblo es pequeño y las calles muy estrechas, por lo que solo se puede aparcar ahí o en la parte alta del pueblo.
El Trail de Bronchales cuenta con cuatro carreras:
- 43k +2100m, sábado.
- 25k +1290m, sábado.
- 22k "running" +647m, domingo.
- 13k +535m, domingo.
El sábado a las 7:00 empieza nuestra carrera, la maratón.
Los primeros 20 kilómetros son muy rápidos y discurren entre sendas, pinadas y alguna que otra pista. A partir de ahí, el terreno es un poco más complicado y las bajadas y subidas con más pendiente, pero sigue siendo una carrera "fácil" en la que la dificultad reside más bien en esas subidas y bajadas que te rompen el ritmo. En el kilómetro 32 se llega a Noguera, donde los voluntarios y el público te empujan a hacer la subida más dura de la carrera. Tras coronar Sierra Alta, a más de 1800 metros, ya solo queda bajar por una senda muy corredera. A poco más de 2 kilómetros de meta se cruza el Camping Las Corralizas, ante los aplausos de los campistas que han salido a animar.
Hay avituallamientos cada cinco kilómetros. Da una tranquilidad infinita: es imposible quedarse sin agua o comida. A pesar de que el marcaje está muy bien realizado, en la zona de la pinada hay que tener precaución ya que es fácil confundirse.
Fran llega a meta en un tiempo impresionante de 4h29'. Yo tardo un poco más, 5h10', pero consigo el segundo puesto de la general. Me dan una caja de embutidos y productos de la zona que tienen una pinta alucinante.
Esa noche cenamos en Vinitos Español, en el que solo íbamos a picar algo pero que nos engancha con su carta. Pedimos provolone, pulpo, rabo de toro y tarta de queso. Todos los platos son exquisitos y están dotados de una elaboración minuciosa y con cariño, pero el que más nos sorprende es, sin duda, el pulpo. La comida y el trato recibido hace que nos lo apuntemos para nuestra próxima visita.
Dormimos allí esa noche para poder ver las carreras del día siguiente. Sobre las 11:00 nos ponemos en marcha, paramos en Albarracín y, tras un poco de turismo, volvemos a casa.




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